Receta para un niño sano y feliz
El mundo de los niños siempre ha ejercido sobre mí un inmenso magnetismo, desde que yo misma fui una niña hasta hoy… quien sabe si debido a que esa niña aún sigue existiendo.
Cuando inicié mi formación como psicóloga, lo hice pensando en dedicarme a la clínica infantil. Pronto descubrí que efectivamente me interesaba tratar el dolor de niños y niñas, pero no entendía porqué tenía que limitarlo a una etapa concreta, cuando en consulta aparecen niños de todas las edades: niños de 8 años, niños de 15 y hasta de 50 años. Niños y niñas que son hijos, hijas, madres y padres.
Al revisar junto con las personas a las que acompaño las historias de sus vidas, y al contactar con ese dolor tan actual que suponen sus motivos de consulta, a menudo (por no decir siempre), siento que aquél dolor tiene sus raíces en la infancia, siento que la voz que habla es la de aquél niño o aquella niña heridos.
Así que, tal y como dijera Antoine de Saint-Exupéry «Todas las personas grandes han sido niños antes (pero pocos lo recuerdan). Corrijo, pues, mi dedicatoria: A León Werth, cuando era niño», y como él, yo dedico mis sesiones con adultos a los niños que fueron.
En honor a todos los hijos, a todas las hijas, a todos los padres y a todas las madres, rescato este póster que escribí para las X JORNADAS ALMERIENSES DE SALUD MENTAL, y que por cierto fue premiado :)
RECETA PARA UN NIÑO SANO Y FELIZ
INGREDIENTES:
• Un niño o una niña:
Válido con cualquier característica (revoltoso, despistado, callado…). Cuanto más joven mejor, pero nunca es tarde para empezar a «cocinarse». ¡Aún así no hay que dormirse en los laureles!
• Salsa «clima emocionalmente seguro»:
Paciencia, cariño, empatía (ponernos en el lugar del niño) y consistencia (cuando digamos que vamos a hacer una cosa, hacerla siempre y hasta el final y, si no estamos seguros de que la vamos a hacer, no decir que la haremos. De esta forma el niño siempre nos tomará en serio).
Para que la salsa no quede «amarga» recomendamos evitar las prisas, los gritos, los insultos y los castigos excesivos.
TIEMPO DE COCCIÓN:
Variable dependiendo de los ritmos de cada niño.
PREPARACIÓN (pasos a seguir por los padres):
• Modelar:
Siempre que hagamos algo (por ejemplo, hablar con calma y con respeto en lugar de gritos) estaremos siendo un modelo que el niño imitará.
• Reforzar:
Cuando el niño haga algo adecuado (hacer su cama, por ejemplo) le premiaremos con cualquier cosa que a él le guste (regalos, elogios, atención…), de manera que será más probable que ese comportamiento adecuado se repita en el futuro.
Para que el reforzamiento sea efectivo tendremos que llevarlo a cabo justo después de la conducta deseable, ni antes ni mucho después. Es conveniente que al principio reforcemos siempre que el niño realice el comportamiento adecuado, y luego solo de vez en cuando mientras aprende por sí mismo los beneficios de ese comportamiento.
• Extinguir:
Cuando el niño haga algo inadecuado (llorar para conseguir algo, decir palabrotas…) no le haremos caso, de forma que no consiga nada con ese comportamiento y al final dejará de hacerlo.
La extinción es un proceso más lento que el castigo, pero de efecto más duradero y emocionalmente más saludable. Tenemos que ser pacientes y constantes y tener en cuenta que al principio puede empeorar antes de mejorar.
El castigo tiene un efecto inmediato pero es poco duradero y deteriora la relación padre-hijo. Por lo tanto, aconsejamos reservar el castigo solo para las conductas agresivas y/o peligrosas para el propio niño o para los demás.
Debemos tener en cuenta que…
• Si hay varias conductas a abordar es conveniente que empecemos por una (o dos), no por todo de golpe y siempre por la más fácil.
• Cada comportamiento adecuado tendrá su recompensa; no usaremos la misma recompensa para varios comportamientos a la vez.
• Es bueno reforzar al principio incluso las conductas que son su obligación (como ir al colegio o recoger la mesa), porque el niño no nace sabiendo que son obligaciones y tenemos que enseñárselas.
Por último:
• Tenemos que enseñarle las normas para una convivencia adecuada, es decir, respetar sus propios derechos y los de los demás.
• Debemos prestarle atención y animarlo en aquello que se le dé bien (alguna asignatura en concreto, los deportes, el dibujo, la cocina…).
• No es conveniente engañarlo, porque en el futuro desconfiará de nosotros y entenderá que en la verdad que le ocultamos hay algo malo (por ejemplo, decirle que va a otra parte cuando lo llevamos al médico o al colegio).
• Hay que enseñarle que la mejor estrategia contra el miedo y las dificultades es afrontarlos. No debemos tratar de evitárselos para ahorrarle sufrimiento, porque a la larga el sufrimiento será mayor y se volverá dependiente.
• Es bueno evitar la sobreprotección y exponerlo a pequeñas dificultades y frustraciones. Para ser feliz necesita aceptar el mundo tal y como es y notar que puede intervenir en él.
• Debemos mostrarle que la tensión y el enfado no son algo negativo, y enseñarle a manejarlos de manera más efectiva para que pueda relacionarse con los demás de forma saludable.
Resultado final de la receta:
Si seguimos todos estos consejos será más fácil que obtengamos como resultado un niño emocionalmente sano, capaz de desenvolverse adecuadamente, afrontar las dificultades y mantener relaciones sanas con los demás.




