El cine porno en la época modernista

Un año más las calles de Terrassa se han llenado de modernismo con una nueva edición de la Fira Modernista. Por eso, en esta ocasión indagamos sobre los inicios del cine erótico y pornográfico…

Fira Modernista Terrassa (Foto: Ayuntamiento de Terrassa)

 

Imagínate la Granada de comienzos del siglo XX: una ciudad profundamente conservadora, muy vigilada por la moral religiosa, donde cualquier espectáculo un poco atrevido podía convertirse en un escándalo público. Los bailes provocativos, las revistas picantes o incluso ciertas canciones eran observados con lupa por asociaciones católicas y sectores de la alta sociedad empeñados en “proteger las buenas costumbres”. En medio de ese ambiente existía el viejo Teatro Alhambra, una sala popular hecha en gran parte de madera, donde se mezclaban funciones de teatro, variedades y las todavía novedosas proyecciones de cine. Era un lugar animado, algo bullicioso y muy frecuentado por la gente de Granada.
Y entonces ocurrió algo insólito: en enero de 1917 empezó a correr el rumor de que allí iban a proyectar una película “prohibida”, reservada sólo para hombres adultos y accesible mediante invitación. No era simplemente cine atrevido: era una auténtica película pornográfica, algo prácticamente impensable para la época. Las entradas eran carísimas, pero aun así el teatro se llenó. La curiosidad pudo más que el miedo al escándalo. Aquella noche, muchos granadinos acudieron casi a escondidas, conscientes de que estaban viendo algo clandestino y transgresor. Lo más sorprendente es que detrás de aquellas primeras películas porno españolas estaba el propio rey Alfonso XIII, quien financiaba producciones realizadas en Barcelona por la productora Royal Films, proponía ideas para los argumentos e incluso participaba en la elección de las actrices. Todo aquello permanecía oculto para la opinión pública.

Fotograma de «El Confesor» (1920) de los hermanos Baños y producida por Alfonso XIII (Foto: Filmoteca Valenciana)

Fotograma de «El Confesor» (1920)

Cuando la noticia de la proyección se extendió por Granada, estalló el escándalo. Los sectores conservadores montaron en cólera. Asociaciones religiosas y periódicos moralistas denunciaron el Teatro Alhambra como un foco de corrupción y decadencia. Hubo campañas de presión y boicot, y el nombre del teatro quedó marcado para siempre. La ironía era enorme: pocos días después, el propio Alfonso XIII visitaba Granada oficialmente, recibido con honores por una ciudad que desconocía que el monarca estaba relacionado con aquellas películas que tanto indignaban a los defensores de la moral pública.
Con el tiempo, el Teatro Alhambra fue perdiendo prestigio y actividad. El escándalo de 1917 quedó ligado a su historia y contribuyó a su decadencia hasta que finalmente desapareció. Donde antes hubo funciones, rumores y proyecciones clandestinas, acabó levantándose un simple garaje.

Teatro Alhambra, hacia 1910-1920, entre la Placeta del Lavadero y el Salón (Foto: A. Giménez Yanguas)

De la amplia colección de películas pornográficas de Alfonso XIII hoy sólo se conservan tres cintas: «El confesor», «El ministro» i «Consultorio de señoras», las cuales aparecieron en un convento valenciano, y hoy son custodiadas por la Filmoteca Valenciana.