FMT 5: La casa Milà como paradigma de la arquitectura modernista catalana y su carga erótica. Análisis de Ramón de Torres.

De acuerdo con una visión determinista de la arquitectura, la configuración del espacio influye en el comportamiento y la moral y no sólo en dirección opuesta. Cabría entonces hacerse la siguiente pregunta: ¿el deseo se ha hecho a medida de los espacios o son los espacios los que se han hecho a medida del deseo? Lo que resulta innegable es que la relación entre moralidad y arquitectura, entre comportamiento y arquitectura, ha existido históricamente.  

Desde los burdeles de Pompeya y sus representaciones fálicas por doquier hasta la casa Schindler, la arquitectura Playboy o las comunas de los 60 como Drop City en Colorado, pasando por el Falansterio de Fourier, las Parthénions de Restif, el Oikema de Ledoux, el castillo Silling del Marqués de Sade, el Parque de los ciervos de Luis XIV o las petites maisons en los arrabales de París, siempre ha existido esa relación entre arquitectura y sexualidad. Explorarla nos permite conocer cómo las normas sociales encuentran una manifestación física y simbólica en la arquitectura, y cómo a través del diseño de los espacios públicos y privados se establecen comportamientos esperados, límites y formas de control sobre la intimidad, el cuerpo y las relaciones interpersonales. 

Centrándonos en Gaudí como uno de los principales representantes de la arquitectura modernista en Cataluña, al analizar la manera en que su obra expresa esta relación con la moral, cabría plantearse infinidad de preguntas. En la casa Milà Gaudí da la misma importancia a la fachada tanto en el exterior como en la fachada de los patios interiores, ¿podría leerse este aspecto como una importancia equivalente para Gaudí de lo íntimamente vivido y deseado, y de la fachada pública y la norma? En cuanto al “paseo arquitectónico” que crea desde el sótano a la cubierta de la casa, que parte de la oscuridad y desemboca en la luz, ¿sería adecuada la visión de este paseo como una alegoría del acto sexual?  

Fachada interior de los patios. Casa Milà

Por otra parte, una de las principales innovaciones de Gaudí y de la arquitectura modernista son los espacios ventilados, funcionales, luminosos, pero ¿sería correcto afirmar, también en el caso de Gaudí, que esto no sólo ocurre por razones técnicas si no también morales?, la transparencia se asocia a honestidad, a vida correcta, lo que refleja una moral sexual moderna normativa, racional, heterosexual y burguesa. ¿Está reflejando la arquitectura de Gaudí esa ambigüedad de la moral que observamos en otros edificios? Como en la casa Savoye, “máquina de habitar” de Le Corbusier, que por un lado promueve la liberación del cuerpo y los sentidos, y por otro reproduce formas de control, represión, domesticación y normalización del deseo.  Como afirma Beatriz Colomina, en ocasiones se crea a través de la arquitectura un espacio de vigilancia y de control, como ocurre en la casa Farnsworth, se trata de un proyecto de moralización. La mujer se expone como objeto pasivo de deseo, colocada muchas veces en espacios diseñados para ser mirados, controlados. ¿Están conviviendo las dos morales en Gaudí, y en general en el movimiento modernista? Ejemplo de este punto podría ser otro edificio de Gaudí, La Sagrada familia, donde la obra sacra conserva un carácter profundamente católico, sin prescindir de la sugerencia, la seducción, las formas sugerentes, el rico ornamento y el erotismo. 

Villa Savoye «máquina de habitar», Le Corbusier

Casa Farnsworth, Mies van der Rohe

 Sobre este tema hemos hablado con el arquitecto almeriense Ramón de Torres. La obra arquitectónica de Ramón ha sido reseñada en publicaciones especializadas, entre otras, las restauraciones del patrimonio histórico del Ensanche y Medina de Tetuán (declarada en 1997 Patrimonio Mundial por la UNESCO) y las restauraciones en Almería de numerosos edificios emblemáticos como la Catedral, la Alcazaba, la casa Fischer, la sede de la Hermandad del Prendimiento, la Casa del Cine, el Museo de Arte Doña Pakyta, el cargadero de mineral El Alquife (conocido como El Cable Inglés) y la casa del poeta José Ángel Valente.  Su trabajo ha sido reconocido dos veces como práctica BEST por Naciones Unidas, en el año 2000 por el Plan Especial de Reforma Interior de La Chanca, y en 2014 por el Programa de Cooperación Internacional en la Medina de Tetuán. Entre otros premios, ha recibido en el año 2004 el Premio Arco a la mejor obra arquitectónica de Almería otorgado por el Colegio de Arquitectos de Almería y el Premio Constitución 2023 concedido por la subdelegación del Gobierno de España. 

Hoy, con motivo de la XXII Fira Modernista de Terrassa, Ramón recoge para nosotros las principales características de la que considera la obra más paradigmática de ese carácter reivindicativo y renovador del modernismo catalán, la casa Milà: 

 

LA ARQUITECTURA COMO FORMA DE SEDUCCIÓN  

La casa Milà, conocida popularmente como “La Pedrera”, la promueven Pere Milà y Roger Segimón. Se construye entre 1906 y 1912, según el proyecto del arquitecto Antoni Gaudí (1852-1926), en el Paseo de Gracia del Ensanche de Barcelona. 

Es la obra de arquitectura civil más representativa y culminante del modernismo, que por sus innovaciones técnicas, constructivas, funcionales y espaciales constituye un antecedente de la arquitectura del Movimiento Moderno en el ámbito internacional, que se conforma entre 1918 y 1927. En ese periodo es posible identificar una línea común de trabajo entre personas y grupos de diferentes países, a partir de experiencias de vanguardia como la obra didáctica de Gropius y de sus colaboradores de la Bauhaus, y la obra de Le Corbusier como arquitecto. 

Las innovaciones pioneras que introduce Gaudí en la casa Milà son las siguientes: 

Planta libre: propone una estructura compuesta por pilares de acero y ladrillo. Con este sistema rompe la tradicional estructura de muros de carga y le permite organizar el espacio con la máxima libertad posible. Este planteamiento se convierte posteriormente en una característica del Movimiento Moderno, difundida, entre otros, por Le Corbusier y Mies van der Rohe, utilizando pilares de acero y hormigón. 

Fachada libre: la planta libre le permite liberar a la fachada de su función estructural. Con los pilares alejados de la fachada y los forjados en voladizo, convierte a la fachada en una piel con sus aperturas situadas con independencia de la estructura. La fachada libre se convierte asimismo en otra característica del Movimiento Moderno y forma parte del manifiesto de Le Corbusier.  

Con esta propuesta, Gaudí consigue la máxima capacidad expresiva de su fachada ondulante, disponiendo, como sistema de fijación de la piedra, una compleja subestructura metálica conformada mediante perfiles curvados, que le permiten la apertura de ventanas y balcones de grandes dimensiones y formas. 

Transparencia visual y continuidad espacial interior-exterior: temas centrales de la arquitectura del Movimiento Moderno son la continuidad espacial y la disolución de los límites del espacio. En la casa Milà Gaudí plantea una concepción espacial moderna, mediante la fusión de los distintos espacios edificados, entre sí y con el entorno. Los interiores y los exteriores conforman un continuo espacial, manteniendo una relación de permeabilidad y mezcla, que se convierte en un tema central del proyecto. 

El refinamiento técnico de las fachadas de la casa Milà lo acompaña disponiendo dos grandes patios, uno de mayor tamaño, de forma elíptica, vinculado a la calle Provenza, y otro de forma circular relacionado con el Paseo de Gracia. Ambos patios se conectan entre sí, componiendo una secuencia interior de espacios intermedios, que parecen fusionarse, uniéndose y separándose de forma simultánea. Estos espacios se pueden definir como «exteriores cerrados» o «interiores abiertos». 

Espacios intermedios que generan posibilidades de continuidad espacial de mayor complejidad e interés que la mera transparencia total y sin obstáculos, y que no impiden la identificación del interior y del exterior como ámbitos específicos. La triple dimensión ‒física, funcional y simbólica‒ caracteriza a los espacios intermedios. Con esta concepción la arquitectura añade las cualidades de ambigüedad y contradicción, de mezcla y de transición, relacionadas con la noción de espacio arquitectónico moderno. 

En la casa Milà, Gaudí rompe con la tradicional disposición de patios de servicio para la iluminación y ventilación de cocinas, aseos y otras dependencias auxiliares. Planteando en su lugar dos grandes patios, introduce una relación de analogía entre la casa y la ciudad. Los patios se identifican como elementos jerárquicos del espacio interno y adquieren la condición de plaza o ágora. Constituyen el espacio comunitario o los centros desde los que se organiza el espacio individual o privado. Además de ello, confiere a las fachadas de los patios la misma importancia que a la fachada exterior, y con la apertura de grandes huecos en todas ellas, consigue una gran transparencia visual, acrecentada con la continuidad espacial de los patios como espacios intermedios. De este modo, «introduce transiciones graduales entre diferentes condiciones espaciales, como lo público y lo privado, la escala grande y la pequeña, la habitación y el edificio, la ciudad o el territorio». 

La cubierta – “jardín de esculturas”: Gaudí corona el edificio con una azotea concebida como un auténtico “jardín de esculturas” al aire libre. Situada sobre los arcos parabólicos que componen la estructura del desván, configura un recorrido ondulante, con distintos desniveles enlazados por pequeños tramos de escaleras, que discurren entre los diferentes elementos técnicos de los sistemas de ventilación y de accesibilidad del edificio. 

Lugar aéreo que remata el “paseo arquitectónico” constituido al conectar los dos espacios extremos de la casa, el sótano y la cubierta. Entre ambos, se genera un camino mágico de progresiva ascensión hacia la luz. Desde la oscuridad del sótano, transita por la luminosa claridad de los patios para llegar a la cubierta, «lugar donde se aposenta y vive con todo su poderío la luz. Dominio y extensión del aire y latitud sin mengua del mirar», utilizando las palabras del poeta José Ángel Valente. 

«Jardín de esculturas» casa Milà

La cubierta es un lugar para esconderse, mirar o exhibirse. Cierra y protege la casa pero también la abre sobrevolando el paisaje de la ciudad. Marca el tránsito entre lo público y lo privado, entre el nido y el universo. Culmina el “paseo arquitectónico” en el que emergen, a modo de esculturas, las salidas de las escaleras de caracol, las chimeneas de las viviendas y las torres de ventilación del sótano, que componen un conjunto de elementos verticales, plenos de imaginación y fantasía. Se convierte en un paisaje de singular belleza que incita a la contemplación, al sosiego del ánimo,  estimulando el pensamiento y la manifestación creadora. 

Por este motivo, el componente de imaginación y fantasía de las esculturas está siendo fuente de inspiración para el mundo del cine y de la literatura y objeto de diferentes interpretaciones simbólicas. 

“El paseo arquitectónico” y “la terraza-jardín de esculturas” de Gaudí, son precursores de conceptos similares expresados en el legado arquitectónico de Le Corbusier, que gravita de forma decisiva en el desarrollo de la arquitectura del Movimiento Moderno. 

El sótano-garaje: la innovación estructural materializada por el sistema de pilares en sustitución de los muros de carga, permite la total adaptación del edificio a las nuevas necesidades que exige la vida moderna, entre ellas el uso creciente del automóvil. A la innovación estructural añade la funcional, y propone la construcción de un sótano destinado a garaje de automóviles y carruajes y a trasteros.   

El énfasis del cuerpo: modernidad y confort doméstico: precursora del progreso técnico y del avance social y espiritual, la casa Milà reúne un equipamiento compuesto por ascensores, cocinas y cuartos de baño completamente equipados, y el mobiliario o microarquitectura de Gaudí inserta en el interiorismo de la casa. Este equipamiento se convierte en un exponente de lo que significa poner el énfasis en el cuerpo, en la calidad de vida y en el bienestar físico y emocional de las personas, que demanda la vida moderna. 

Tras la instalación del primer ascensor hidráulico en Barcelona, efectuado en 1888 en el monumento a Colón con motivo de la Exposición Universal, comienzan a implantarse los primeros ascensores domésticos, signos de modernidad y distinción, en el Ateneo y en la casa Milà. Los ascensores modernistas se revisten con ricas decoraciones, fruto del trabajo artesano de alta complejidad acorde con la estética del momento. 

Compromiso medioambiental. Reciclaje y reutilización: el reciclaje y la reutilización de restos de chatarra de desguace, cadenas, barras y planchas, para la realización de los balcones y rejas de las fachadas, ejecutadas por los hermanos Lluís y Josep Miarnau, expresa la creatividad y, para su época, el insólito compromiso medioambiental de Gaudí. 

 

APARTAMENTOS “LA PEDRERA”, MOVIMIENTO MODERNO Y REVOLUCIÓN SEXUAL 

Entre 1953 y 1955 el arquitecto Francisco Juan Barba Corsini (1916-2008) ejecuta el proyecto de 13 apartamentos amueblados en la buhardilla de La Pedrera, para rentabilizar un espacio destinado desde el origen a trasteros y lavaderos. La poética y la concepción espacial de Gaudí deslumbran a Barba Corsini, que considera que estos apartamentos constituyen el logro más feliz de su trayectoria profesional. Los arquitectos jóvenes consideran a Gaudí un precursor y un adelantado de la arquitectura del Movimiento Moderno que impera en el ámbito internacional. 

Apartamentos «La Pedrera»

Apartamentos «La Pedrera»

En los apartamentos “La Pedrera” se produce la fusión armoniosa entre la arquitectura de Gaudí y la vanguardia que representa Barba Corsini, que afronta el difícil reto de construir en la casa Milà los primeros apartamentos de Barcelona. Los apartamentos “La Pedrera”, hoy ya desmontados y míticos, se habitan con rapidez por artistas, pintores, diseñadores y escritores. Se publican en la revista americana Interiors debido a las gestiones que hace el arquitecto Peter Harden, delegado del gobierno de Estados Unidos para las Ferias de Europa, que habitaba uno de ellos. De esta forma alcanzan notoriedad internacional. 

En 1953, el mismo año en el que comienza la ejecución de los apartamentos, aparece la actriz Marilyn Monroe en la portada del primer número de la revista Playboy, dirigida a hombres, que incluye imágenes eróticas de bellezas femeninas junto con una serie de artículos, entre otros, dedicados al diseño y la arquitectura moderna. 

Como señala la arquitecta Beatriz Colomina, con este planteamiento la revista Playboy, de carácter progresista, se contrapone a revistas como House & Garden o House Beautiful, dirigidas a las amas de casa, que promocionan la arquitectura convencional criticando a los arquitectos europeos que habían emigrado desde Europa a Estados Unidos, como Mies van der Rohe, acusándolos de querer destrozar el tradicional modo de vida americano. En su fulgurante aparición, Playboy plantea que la seducción no está en la arquitectura victoriana, la seducción está en la arquitectura moderna. 

Las máximas figuras de la arquitectura del momento, que desarrollan conceptos que Gaudí anticipó en la casa Milà y que son los referentes de Barba Corsini, como Mies van der Rohe, Frank Lloyd Wright, Walter Gropius o Saarinen, entre otros, aparecen en Playboy. Junto a ellos figuran imágenes eróticas y artículos de personalidades como Jean Paul Sartre, premio Nobel de Literatura en 1964, e información sobre diseño, arte, moda, estilo de vida y política. 

En el año 2012, comisariada por Beatriz Colomina, profesora de la Escuela de Arquitectura de la Universidad de Princeton, se celebra en el Elmhurst Art Museum de Chicago la exposición Playboy Architecture, 1953-1979, que mediante fotografías, vídeos, imágenes virtuales y objetos de diseño muestra la influencia de la revista en la introducción de la arquitectura moderna en una época de ebullición política, guerra fría, crecimiento del feminismo, comercialización de la píldora y debates de todo tipo. En ese contexto, la arquitectura contribuye a conformar una nueva identidad sexual y de consumo en el hombre americano, y también se convierte en el escenario de éxito en el arte de la seducción. La revolución arquitectónica es la expresión de la revolución sexual de los años sesenta. 

Con el siglo XX se entra en un tiempo nuevo, en el que se genera una dinámica de transformación y modernización, que tiene en la ciudad y la arquitectura segmentos decisivos.  Gaudí aporta innovaciones pioneras como la planta y la fachada libre, la transparencia visual y la continuidad espacial interior-exterior, la cubierta-jardín de esculturas, el sótano-garaje, el énfasis del cuerpo y el reciclaje y la reutilización de materiales. Las innovaciones que Gaudí aporta en La casa Milà se recogen posteriormente en las experiencias de los arquitectos modernos, cuya obra contribuye a la visión de la arquitectura como una forma de seducción, que va de la mano de la revolución sexual. 

La casa Milà, que en el momento de su construcción genera controversia y estupefacción, se ha convertido hoy en uno de los lugares más visitados de Barcelona. En 1984 la UNESCO la declara Patrimonio Mundial. En 1986 la adquiere la Caixa de Cataluña, que organiza las exposiciones, actividades y visitas. 

Acaso sea una de las obras de arquitectura con mayor capacidad de sugerencia, enigma, sutileza y fantasía, manifestaciones de su poder de seducción. 

Con Ramón de Torres junto al Cable inglés