FMT 4: La prensa sicalíptica y los estudios sobre el comportamiento sexual

Durante los siglos XVII, XVIII, XIX y parte del XX Francia será un modelo cultural a nivel internacional. Aquellos españoles que pretendían recuperar el espíritu de los Austrias rechazaban la vida galante que proponía el vanguardista modelo francés. La galantería cuestiona las férreas dicotomías de género, la mujer galante es autónoma e independiente y esto supone un peligro aún mayor que la mera picardía o teatralización del flirteo. Alain Viala, en su revaluación histórica de la galantería, la define no sólo como una estética si no también como una ética y un modelo social opuesto al modelo burgués.  

Las revistas sicalípticas del periodo modernista constituyeron un excelente medio de transmisión de la nueva moral emergente, reproduciendo a la perfección el modelo de vida galante. Tildarlas únicamente de “eróticas” sería faltar a todo el significado que hay detrás del término sicalíptico. Comercializadas a través de un sistema de suscripción postal para burlar la censura, recogían contenidos que iban desde lo sugerente hasta la pornografía más explícita: agitación entre humorística y provocativa en forma de pasatiempos lúbricos, dibujos, guías de ocio nocturno, fotografías, muchas fotografías… En incontables ocasiones las cupletistas eran la imagen de las revistas, y el florecimiento de las revistas sicalípticas va de la mano del florecimiento del cuplé.  “La pulga” es considerado el primer cuplé en España, y con su mismo nombre se inauguró un semanario festivo satírico y picaresco. En él, las mujeres decían morder si alguien les metía el dedo en la boca. 

Las primeras revistas publicadas en España eran traducciones de las picantes publicaciones francesas, lo que sirvió para avalar la modernidad de este tipo de publicaciones en nuestro país; “París Alegre” será una de las primeras que se traducirán. De igual forma comenzaron a extenderse los cuplés en España: traducciones primero de los franceses, a lo que siguió la producción autóctona. La neutralidad de nuestro país durante la Primera Guerra Mundial junto con el imparable crecimiento de las ciudades hará que prolifere una rica y exuberante literatura sicalíptica, que dará el contexto al ocio nocturno de teatros, cafés, conciertos, salones, etc.  

La lista de publicaciones sobre las mujeres galantes es interminable: “Vida Galante”, “París Alegre”, “Rojo y Verde”, “Sicalíptico”, “La Saeta”, “Iris” o “Piripitipi” son sólo algunas de las más importantes. En la Edad de Plata (1898-1939) se escribieron, editaron, ilustraron y publicaron miles de revistas, y a éstas le siguieron los cuentos y a éstos las novelas. La colección “El Cuento Galante” inaugura a modo de saga la fiebre de este género, y luego le seguirá el de la novela. Primero se publicará “La novela semanal”, luego “Los contemporáneos”, “La novela pasional”, “La novela de hoy”, y “La novela teatral”.  

Entre las autoras libertinas francesas leídas en España destacan Colette y Rachilde. Sin embargo, el más influyente de los escritores franceses fue Lorraine, quien además escribió sobre las cantantes sicalípticas. Algunas de sus obras: “El vicio errante” y “El señor de Phocas”. En el panorama nacional los escritores sicalípticos fueron muy leídos, pero cayeron en tierra de nadie, demasiado populares para ser de la generación del 98 o del 14 y demasiado poco humorísticos para ser de la del 27. La larga Edad de Plata vio nacer por un lado a autores como Ortega, Marañón, Pío Baroja, Azorín, Valle-Inclán, Ramón Pérez de Ayala, Luis Cernuda, Vicente Aleixandre, Juan Ramón Jiménez y Rafael Cansinos Assens, más alineados con la antigua moral y, muchas veces, como en el caso de Marañón, con su afán por tachar el espíritu sicalíptico. Pero, por otra parte, también encontramos una nutrida lista de autores sicalípticos, como Joaquín Belda, Eduardo Zamacois, Pedro de Répide, Joaquín Dicenta, Felipe Trigo, Antonio de Hoyos y Vinent y Álvaro Retama, Antonio de Lara “Tono”, Edgar Neville, Miguel Mihura y López Rubio, Enrique Jardiel Poncela, Ramón Gómez de la Serna… Todos ellos produjeron una inmensa cantidad de material erótico en el que propusieron otros modelos de hombre y de mujer. La única mujer que publicó en la novela corta fue Carmen de Burgos, pero, como señala Gloria G. Durán “Si miramos los contextos culturales con una mirada más amplia podemos dejar las autorías únicas y las firmas a un lado. El espíritu de la época no viene firmado por un solo individuo. El trasfondo cultural de esa España paradójica lo conformaban, a un lado, los que firmaban textos, novelistas, reseñas, cuplés y, del otro lado, los demás, las gentes que poblaban y hacían lo cotidiano, las calles, los bares, los teatros. También todas aquellas que dieron ese salto a los escenarios, tan importante en un país en el que la cultura teatral era la moneda corriente de ese tiempo”. 

El periodo entre 1895 hasta 1911, fue bautizado por Serge Salaün como “erotismo triunfante”. La aproximación al cuerpo no sólo ocurre en el ámbito del erotismo, durante estos años también se extendió la obsesión por la salud. Junto a las publicaciones sicalípticas comenzaron a surgir publicaciones sobre el comportamiento sexual, tratados morales con jerga médica en los que la perversión se equipara con la enfermedad. Aun siendo considerados como patológicos todos aquellos comportamientos que se salieran de lo estandarizado, se abre la posibilidad de indagar sobre nuevos modelos. Ejemplos de este tipo de publicaciones son “Psicopatología sexual, un estudio clínico forense”, de 1895 de Richard von Krafft-Ebing, donde hablaba del sadismo y del masoquismo en la mujer. Una de las sagas más conocidas es “La Mala Vida”. Tanto “La Mala Vida en Madrid”, de Bernaldo de Quirós y José María Llanas de Aguilaniedo de 1901,  como en “La Mala Vida en Barcelona: anormalidad, miseria y vicio”, de Max Bembo de 1912, se pone de manifiesto el miedo social hacia los artistas, tan alejados de la incipiente clase media. En “Los estados intersexuales en la especie humana”, de 1928, y “Tres ensayos sobre la vida sexual”, en 1926, Gregorio Marañón habla de “matar al fantasma del otro sexo que cada cual lleva dentro, sed hombres, sed mujeres”. Marañón y Unamuno dibujaron los ejemplos perfectos del amor fusional y monógamo, del hombre respetable y responsable, y la mujer abnegada, sumisa y recatada.  

Mal de Venus, Peratoner

No podemos terminar sin mencionar a Amancio Peratoner, que con su famoso estudio médico sobre la sífilis y las enfermedades venéreas, “El mal de Venus”, contribuyó enormemente a la estigmatización de la enfermedad. La publicidad de tratamientos de toda índole para la sífilis (y también para la epilepsia y la neurastenia) plagaba la prensa del momento. Peratoner además traduce literatura galante aportándole su «toque personal”: por mencionar algunos ejemplos, a “Madame Bovary” la titulará “Adúltera” y a “La maravillosa Mademoiselle de Maupin”, de Gautier, la titulará “Hombre o hembra”. 

Queda patente, pues, cómo la prensa y la literatura son dos formas de expresión más que recogen la tensión entre dos morales opuestas que compiten en un mismo tiempo.