El poder del autocuidado (o el «si no tengo no puedo darte»)

 

Algunas reflexiones sobre el autocuidado…

Escuchar nuestro cuerpo y acallar nuestra mente nos permite cuidarnos. Darnos esos cuidados se traduce en salud. Escuchamos nuestro cuerpo cuando aprendemos a identificar en él los signos y los síntomas: la fiebre, el dolor, las taquicardias, el estrés…ejemplos todos ellos de circunstancias en nuestro cuerpo que nos están enviando un claro mensaje: PARA. DESCANSA. REPARA. Y para eso tenemos que prestarnos atención. No podemos cuidarnos mientras miramos a otra parte, mientras atendemos otros asuntos. Si queremos prevenir la enfermedad o tratar una ya existente, sólo podremos hacerlo desde la atención plena a cada uno de esos cuidados que reclama nuestro cuerpo.

A veces es necesario entender uno mismo primero y hacer entender a los demás, que si pretendemos ser de ayuda a otros eso pasa por decirles NO a los otros hasta haber recargado la energía necesaria para poder atenderlos. Una vez escuché una frase que, aún siendo sencilla, considero que encierra una gran sabiduría: «si no tengo no puedo darte». Puede resultar una obviedad, pero con frecuencia nos la saltamos a la torera, cayendo en la negligencia más absoluta. Resultará más sencillo visualizar su significado con algo tan concreto como el dinero: si necesitas dinero y me lo pides, por más que yo quisiera dártelo, si no tengo no podré hacerlo. Con la energía pasa exactamente igual, ¿porqué razón miramos para otro lado cuando nuestro cuerpo nos avisa de que las reservas de energía se están agotando? ¿sólo porque la energía es algo etéreo, abstracto, impalpable? ¿significa eso que no exista? Si no cuido mi energía y procuro recargarla, no sólo no podré estar disponible para los demás, para el trabajo, para mil y un proyectos…si no que, además, lo más probable es que tarde o temprano acabe enfermando.

Qué importante resulta distribuir adecuadamente nuestro tiempo, buscar un ratito de vacaciones al día, desconectar durante las vacaciones «oficiales», retirarse a curar una enfermedad, decidir hasta dónde sí y hasta dónde no puedo dar de mí, atender nuestras relaciones significativas, nuestros intereses más allá de lo laboral, respetar el descanso, darse permiso para no hacer NADA. Cuando descuidamos alguno de estos aspectos por entregarnos a las urgencias y emergencias del entorno tan demandante en el que vivimos, lo que puede acabar convirtiéndose en una emergencia aún mayor es el propio descanso.