Recientemente en el COPAO tuvimos la oportunidad de escuchar a Cristobal Rivera Mera, psicólogo y Codirector del Observatorio Andaluz de diversidades sexogenéricas, en una maravillosa ponencia sobre el fenómeno del Chemsex. Considero importante compartir lo que se trató en esta ponencia para contribuir a acabar con el tabú y crear conciencia sobre esta realidad, pues es esa conciencia la que ayudará tanto en la prevención como en su abordaje por parte de los profesionales sanitarios.
El concepto de «Chemsex» se refiere al «uso intencionado de drogas psicoactivas para mantener relaciones sexuales entre hombres que tienen sexo con hombres». No estamos hablando de una patología en sí misma, pero sí de una forma de vivir la sexualidad potencialmente peligrosa a nivel de salud mental, intoxicaciones, absentismo laboral y aumento de la probabilidad de contagio de ITS. El Chemsex puede aparecer también en otros contextos, como en la prostitución femenina y en los locales de intercambio de parejas (swingers), sin embargo, las características de cada colectivo y sus circunstancias epidemiológicas los hace diferentes. Desde el European Chemsex Forum de Berlín (2018) se hace hincapié en la importancia de contextualizar el problema de cara a la intervención.
Si ponemos el foco en la ocurrencia del fenómeno dentro de la cultura sexual gay, debemos comenzar recordando que la proporción de personas que usan drogas en este contexto es una minoría, y, dentro de esta minoría, la práctica del Chemsex no siempre tiene porqué ser problemática. Sin embargo, el riesgo para los que hacen un uso abusivo del Chemsex puede llegar a ser muy elevado, especialmente cuando el consumo se realiza durante periodos de tiempo prolongado con múltiples parejas sexuales. Resulta alarmante que en algunas zonas habituales para la práctica del Chemsex se dan más muertes por sobredosis que por accidentes de tráfico.
En España existen varias localizaciones donde el Chemsex es más frecuente, siendo éstas: Madrid, Barcelona, Torremolinos, Sitges y Gran Canarias. Lugares todos ellos que acogen grandes festivales gays o turismo sexual. No obstante, cada vez está más extendido el Chemsex a ciudades medianas, aunque no tenemos datos concretos, no existe un registro oficial. Podría cuestionarse si interesa o no que existan datos, pues esto pondría en peligro el mencionado turismo.
Las apps de geolocalización, como Grindr o Scruff, proporcionan una red de contactos con los que llevar a cabo esta práctica. Dentro de esta subcultura del consumo gay existe un argot propio que permite reconocer quién la practica. Términos como «sesiones», «chill», «doblar», son algunas de esas palabras propias.
Algunas de las sustancias que más se consumen son metanfetaminas, cocaína, alcohol, viagra o cialis, mefedrona, GHB/GLG, y las vías de administración son variadas, siendo la intravenosa (slam) la de mayor riesgo. Entre los efectos que provoca su consumo destacan la empatía, la desinhibición, el aumento de la excitación y la potencia sexual, de la confianza, de la autoestima, del deseo de socializar, sensaciones placenteras más prolongadas y disminución del umbral del dolor (con el consecuente riesgo de involucrarse en determinadas prácticas de riesgo como el fisting).
¿Cuáles son las motivaciones que llevan a la práctica del Chemsex? explorar y disfrutar de una sexualidad libre y desinhibida, la búsqueda de sensaciones intensas y placenteras, conseguir sensación de intimidad y conexión con parejas sexuales que quizás por una homofobia interiorizada no se ha podido experimentar antes, lograr la sensación de pertenencia a un grupo, con la consecuente aceptación y validación…en definitiva, la práctica del Chemsex, en un elevado porcentaje de los casos, supone el uso de estrategias desadaptativas para gestionar unas emociones que no se han podido gestionar de otra manera. Se hace necesario acabar con el estigma y el prejuicio para comprender cuáles son las motivaciones detrás del consumo y poder abordarlo de manera efectiva.
Recursos de interés para profundizar en el conocimiento del fenómeno: