Fira Modernista de Terrassa: ¿Cómo era la moral sexual en la era modernista?

Cartel XXII Fira Modernista de Terrassa 2025
La Fira Modernista de Terrassa celebra este 9, 10 y 11 de mayo su XXII edición, y resulta un excelente motivo para explorar, a través de las diferentes manifestaciones artísticas, cómo era la moral sexual durante el período modernista. Por esta razón, compartiremos una serie de publicaciones relacionadas con el tema, que pretenden ser un espacio para la reflexión a partir de algunos ejemplos paradigmáticos, más que un estudio exhaustivo. Reservaremos curiosidades que compartir, obras que analizar y preguntas que formularnos para futuras ediciones de la feria en las que seguro nos seguiremos dejando inspirar por el espíritu modernista. Además, con toda la ilusión hemos preparado un bonito cartel junto a la maravillosa artista Ángela Nonada. Es un orgullo aportar esta pequeña contribución a la belleza con la que se viste estos días la Font Vella de Terrassa, y, en general, Terrassa entera.
Si tuviéramos que resumir en una única frase cómo era la moral sexual en la era modernista, se podría decir que supone una reacción al encorsetamiento victoriano, resurgiendo el erotismo como uno de los principales valores en el arte, en todas sus formas de expresión. A la hora de abordar el complejo asunto de cómo era la moral sexual de toda una época, conviene preguntarse en primer lugar qué es la moral, y qué es el erotismo, para después detenernos en su contexto histórico.
Atendiendo a una definición clásica entendemos la moral como el conjunto de normas, valores y creencias que una sociedad considera correctas o aceptables, por tanto, la moral sexual tendrá que ver con lo que se entiende que es correcto en relación con el ámbito sexual. Ahora bien, ¿qué ocurre con lo que queda fuera de la moral?, en tanto que en una misma sociedad pueden coexistir diferentes formas de pensar, ¿pueden coexistir también diferentes morales? Precisamente es esta pluralidad moral lo que caracteriza al momento de ruptura que representa el movimiento modernista: el surgimiento de un nuevo código moral que convive con el antiguo, convivencia en ocasiones no exenta de tensión o conflicto.
Por su parte, y de acuerdo con las tesis de los distintos autores que han intentado acercarse a una definición del erotismo, éste sería aquel lugar de la experiencia humana en el que coinciden y entran en un juego emocional y simbólico el cuerpo, el deseo, la imaginación y la transgresión de los límites. El erotismo es lo que diferencia la sexualidad humana de la instintiva sexualidad animal. La cultura también toma parte de este juego, definiendo los límites en torno a los que nace y se organiza el deseo. Veremos entonces cómo las nuevas corrientes de pensamiento, en contraposición con las ya existentes, llevan durante el modernismo a una doble moral y a un doble discurso que atraviesan toda experiencia y todas las artes: aunque la sociedad victoriana conserva aún muchos tabúes sexuales e intenta imponer el control y la normatividad, en los círculos más bohemios se trata de romper con esas restricciones, promoviendo la liberación del cuerpo y de los sentidos.
Es importante aclarar que, aunque el término “época victoriana” se refiere al periodo de reinado de la reina Victoria en el Reino Unido (1837 – 1901), y por tanto políticamente no se aplica al resto de Europa, social y culturalmente sí que hay una enorme influencia, generándose así corrientes que comparten características con la era victoriana, principalmente el fuerte conservadurismo moral.
El modernismo floreció a finales del siglo XIX y tuvo su auge hasta el inicio de la Primera Guerra Mundial. Encarna un estilo de ruptura que englobó todas las disciplinas artísticas, y tuvo lugar principalmente en España e Hispano américa. En otros países de Europa estilos similares recibieron nombres como Art Nouveau, Modern Style o Stile Liberty. Centrándonos en España, y en especial en Cataluña, en la ruptura con el arte historicista y con sus composiciones académicas, el arte modernista propone un universo formal que busca la belleza y la expresividad de forma coherente con el nuevo bienestar y su dinamismo financiero, industrial y comercial.
En la experiencia de integración de todas las artes se configura una nueva estética, donde predomina la inspiración en la naturaleza, con elementos vegetales, formas orgánicas entrecruzadas y asimétricas compuestas con líneas curvas. La sensibilidad erótica, lo onírico y lo simbólico abriéndose paso entre el funcionalismo y la razón. Se entra en el novecientos con el auge del modernismo y la interdependencia de todas las artes: desde la arquitectura y las artes plásticas hasta el diseño gráfico y las artes industriales, incluyendo al interiorismo y el diseño.
Las artes decorativas viven un momento excepcional, con la ejecución de deslumbrantes interiores como los de las casas Batlló, Amatller, Lleó Morera o Milà del paseo de Gracia, y la producción de objetos del arte de la cerámica, vidriería, forja, ebanistería, orfebrería y obras de calidad del cartelismo y la impresión gráfica.
Según el análisis de Susana Gómez Nuño, especialista en Humanidades y Bellas Artes, dentro del grupo de arquitectos creativos se encuentran dos tendencias: una de carácter más racional, purista y funcional, representada por Lluís Doménech i Montaner, Antoni María Gallissà, o Enrique Granell, y otra más vinculada a los aspectos irracionales, expresionistas o simbólicos, como es el caso de Antoni Gaudí o Josep María Jujol.
Ramón Casas y Santiago Rusiñol se significan en la renovación de la pintura hacia el modernismo, incorporando aspectos del impresionismo francés. La siguiente generación, representada, entre otros, por Joaquín Mir, Isidre Nonell, María Pidelaserra y Anglada-Camarasa, conduce a la pintura catalana a una etapa de gran relevancia. La escultura modernista de Josep Llimona, Enric Clarasó y Miquel Blay se nutre de la influencia simbolista y del impacto de Rodin.
En la literatura se buscan nuevas formas de expresión, más ricas y contradictorias, con un fuerte simbolismo, a cargo de Víctor Catalá, Prudenci Bertrana, Joan Maragall y Santiago Rusiñol. En el teatro destacan Joan Puig i Ferrater, Adrián Gual, Ignasi Iglesias y Josep Pous.
El nacionalismo musical genera nuevas corrientes, bajo la gran influencia de Richard Wagner y también de la ópera italiana, destacando Isaac Albéniz, Enrique Granados, Lluís Millet, Amadeo Vives, Enric Morera y Felipe Pedrell. Y por supuesto, no podemos olvidar el florecimiento de la sicalipsis y el cuplé, del que hablaremos en profundidad.
El modernismo en Cataluña constituye un movimiento de renovación, reivindicativo y provocador, de carácter complejo y diverso, respecto a las convenciones artísticas predominantes en la sociedad de finales del siglo XIX y las primeras décadas del siglo XX.
Este enfoque progresista y de ruptura genera un movimiento cultural y político, que encuentra resistencia tanto en las figuras relevantes de la Renaixença, desarrollada en la segunda mitad del siglo XX, como en la posterior oposición Novecentista de las primeras décadas del siglo XX.
La revista L’Avenç, fundada en 1881 por Jaume Massó y apoyada por un grupo de jóvenes de la alta burguesía, entre los que se encontraban los futuros pintores Santiago Rusiñol y Ramón Casas, utiliza por primera vez en 1884 el adjetivo modernista para referirse a las influencias culturales cosmopolitas, en oposición a la cultura tradicional expresada en la revista La Renaixença, que se había fundado en 1871.
Una burguesía culta y pudiente, vinculada con artistas e intelectuales y obreros industriales, componen la sociedad catalana de ese periodo, que reivindica la identidad catalana en el marco de una reforma cultural y política. Renaixença, Modernismo y Novecentismo, componen de forma sucesiva la respuesta estética al afianzamiento de la nueva burguesía y al catalanismo político.
En este proceso de afirmación identitaria de Cataluña contribuyen de forma decisiva los arquitectos, que a su labor profesional añaden su compromiso nacionalista y se convierten en los principales protagonistas del Modernismo. En esta dinámica, las innovaciones arquitectónicas se localizan de forma preferente en Barcelona, que se establece como referencia fundamental.
Estas características específicas que gravitan sobre el modernismo en Cataluña, establecen una diferencia en su inserción en la tendencia común de la vanguardia europea de su tiempo que persigue la creación de un arte nuevo, capaz de expresar las inquietudes, anhelos y características de una época distinta. El arquitecto e historiador Leonardo Benevolo lo expresa de la forma siguiente: «El conjunto de los movimientos europeos que pretenden la renovación de la arquitectura de su tiempo ‒Secesión, Jugendstil, Art Nouveau, escuela de Glasgow, Liberty, Modern Style‒ tienen un deseo común de ruptura, libertad, juventud y novedad, capaz de imprimir a la arquitectura de un carácter nuevo».




